Por qué los gatos chillan por la noche – causas y soluciones

Ese chillido nocturno que os despierta no es un maullido normal. Los gatos no gritan sin razón, y aquí está el primer error que cometen muchos tutores: pensar que es simplemente un comportamiento fastidioso que pasará solo.

El sonido que oís se llama yowling. Es diferente del maullido de todos los días. Es más intenso, más grave, más angustioso. Y siempre, siempre tiene una causa detrás.

La más obvia: el celo

Si vuestra gata no está esterilizada, los chillidos nocturnos pueden ser su forma de comunicar que está en celo y busca aparearse. Las gatas utilizan estos maullidos intensos para atraer a los machos, especialmente durante la noche. Es su sistema de comunicación reproductiva, y para ellas es completamente necesario.

La solución es definitiva: la esterilización. No es solo un método anticonceptivo; elimina este comportamiento y, además, previene problemas de salud graves a largo plazo.

Cuando algo no va bien dentro

Aquí cambia todo. Si vuestro gato es macho, está esterilizado o es una gata castrada, y de repente comienza a chillar por las noches, algo está ocurriendo en su cuerpo.

Dolor, hipertiroidismo, hipertensión, infecciones urinarias… el gato no tiene muchas formas de deciros que le duele algo. En consulta veo cómo los tutores descubren, tras meses atribuyendo los chillidos a estrés o comportamiento, que el animal padecía una enfermedad que requería tratamiento urgente.

Si el comportamiento aparece de repente en un gato que nunca lo hacía, visitad al veterinario.

Los gatos viejos se pierden en la noche

Existe un fenómeno en felinos mayores que os resultará familiar si tenéis un gato de más de diez años: la desorientación nocturna. El síndrome de disfunción cognitiva felina provoca que el animal pierda referencias espaciales y temporales, especialmente cuando cae el sol.

El gato mayor grita porque está confuso.

No sabe dónde está. No comprende qué ha pasado con la luz. Un 28% de los gatos mayores de 10 años desarrollan este síndrome. Los chillidos nocturnos son una manifestación de esa desorientación. Suelen acompañarse de otras conductas: el animal deambula sin rumbo, pierde la higiene, cambia sus hábitos de sueño.

No es demencia como la entendemos en humanos. Pero sí es una alteración neurológica que afecta a su calidad de vida.

El estrés también grita

A veces la causa es el entorno. Un cambio en el hogar, la llegada de un nuevo animal, ruidos que no existían antes… los gatos son sensibles a las alteraciones de su espacio. Algunos canalizan ese estrés mediante chillidos nocturnos.

La diferencia con los casos anteriores es que, una vez identificáis el estresante y lo eliminais o mitigáis, el comportamiento cede. No ocurre lo mismo con el dolor o la desorientación.

¿Qué hacéis entonces?

Lo primero: no ignoréis un chillido nocturno persistente como si fuera ruido ambiental. Vuestra responsabilidad es entender qué está pasando.

Si el gato está castrado o esterilizado, programad cita con vuestro veterinario. No esperéis a que pase una semana. El dolor o la enfermedad no se resuelven solos.

Si es una gata entera, la esterilización resuelve el problema de celo de raíz.

Si es un gato mayor, podéis adaptar el hogar para que se oriente mejor: dejad luces tenues, mantened acceso fácil a la bandeja de arena y la comida, evitad cambios en la distribución del espacio.

Lo que no deberíais hacer es recurrir a sedantes como solución permanente sin diagnosticar la causa real. Un gato que chilla necesita investigación, no silencio forzado.